Los seguros y los riesgos de la naturaleza

El término “catástrofe natural” se refiere a un evento provocado por las fuerzas de la naturaleza de diversos tipos que generan cifras cuantiosas de daños que se encuentran cubiertos, en su mayoría, por las pólizas de seguros. Estos daños se pueden medir en cantidad de vidas o en daños materiales.

Cuando nos referimos a peligros de la naturaleza podemos dividirlos en dos grupos: 1) Peligros geológicos, que son los terremotos, tsunamis, aludes, vulcanismos. Estos son eventos catastróficos y muy poco se puede hacer para evitarlos. 2) Peligros meteorológicos, como las inundaciones costeras, fluviales o repentinas (flash flood); tormentas tropicales; huracán, tornado, ciclón y vendaval (4 vientos); rayos, granizo e incendios forestales. Estos últimos afectan mucho a las coberturas de seguros.

La magnitud de los daños ocasionados por una catástrofe depende no sólo de la intensidad de las fuerzas naturales en acción, sino también de factores antropógenos, tales como la ampliación urbanísticas hacia zonas que sufren ciertos peligros de la naturaleza.

La urbanización pone en riesgo a más personas y activos particularmente cuando los núcleos urbanos se extienden a zonas de alto riesgo como regiones costeras bajas e interfaces urbano-forestales[1]. La crisis climática preocupa también a las compañías de seguros, porque los riesgos asociados con los eventos extremos generan variaciones en los patrones de siniestralidad.

En ese sentido, un estudio realizado por Swiss Re señala que en la primera mitad del año, el mercado asegurador sufrió pérdidas por casi 40.000 millones de dólares en el mundo a raíz de daños generados por catástrofes naturales. La situación es compleja y lleva a las compañías a reducir la cobertura de riesgos en zonas críticas.

Los cierto es que los eventos climáticos son cada vez más frecuentes y más severos. Los incendios generados por la sequía y el calor extremo arrasaron con vegetación y bosques.

Existen en los países europeos Consorcios de Compensación de Seguros donde los entes gubernamentales se hace responsable de los daños en determinados sucesos aunque los eventos no afecten a un gran número de asegurados o a una extensión territorial muy amplia.

La erupción del volcán español de Cumbre Vieja, en La Palma (Islas Canarias) encendió nuevamente el interrogante sobre el rol del seguro a la hora de cubrir riesgos catastróficos.

Las coladas de magma provocaron la evacuación de más de 6.000 personas y destruyeron, al menos, 580 construcciones con la lava que llegó a cubrir cerca de 250 hectáreas. Sin embargo, catástrofes como la erupción de un volcán son catalogadas como riesgos extraordinarios por las compañías de seguros y los daños no se cubren, aunque esas propiedades estén aseguradas.

Los seguros pueden contribuir a la adopción de medidas tempranas ante un peligro climático y acelerar la recuperación para restablecer los medios de subsistencia y reconstruir la infraestructura crítica, de modo que la población, las comunidades y las economías puedan recuperarse.

Por eso siempre ante cualquier duda “Con un productor asesor de seguros es más seguro”

Es un consejo de APAS Cuyo. www.apascuyo.org.ar

Prensa Apas Cuyo 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *